jueves 21.11.2019

La adherencia farmacológica es más fácil de seguir que cambiar el estilo de vida en pacientes que han sufrido un IAM

La adherencia varía en función de múltiples factores como la información recibida y la forma de asimilarla
La adherencia farmacológica es más fácil de seguir que cambiar el estilo de vida en pacientes que han sufrido un IAM

La adherencia terapéutica de un paciente que ha sufrido un IAM, en líneas generales, es buena si el paciente entiende la importancia del evento sufrido y la necesidad de seguir unas pautas para evitar que se repita. La adherencia varía en función de múltiples factores como la información recibida y la forma de asimilarla. En esto influye mucho el nivel cultural del paciente, la simplificación del tratamiento y los factores económicos. 

El paciente que ha entendido que el proceso que ha sufrido es un evento agudo dentro de un proceso crónico suele mantener la adherencia. Cuando esto no es percibido así, y el paciente se encuentra asintomático, sin secuelas o síntomas derivados del evento, puede ocurrir que se relaje.

La adherencia al tratamiento es un fenómeno que con el paso del tiempo se va perdiendo de forma progresiva. En el caso de enfermedades/factores de riesgo, que suelen ser asintomáticos hasta que se produce un evento como en los IAM, es todavía más acusado. En general, la falta de adherencia para las enfermedades crónicas ronda el 60%, representando una cifra muy preocupante. Esta falta de adherencia condicionaría un mayor riesgo de reinfarto, múltiples hospitalizaciones o incluso el fallecimiento del paciente. Por eso, hay que prestar especial atención a la prevención secundaria. El papel del médico de familia resulta clave en este proceso, como médico integrador de todas aquellas patologías que padecen sus pacientes, además de abordar no solo esta parte biológica del proceso de enfermar, sino también explorar las esferas psicológica y social que tan importantes son en el seguimiento clínico de estos pacientes.

El paciente cumple más el tratamiento farmacológico que el control de los factores de riesgo. La obesidad, la diabetes mellitus, la hipertensión, el tabaquismo, el sedentarismo, el colesterol elevado constituyen factores de riesgo cardiovascular. La presencia de uno o más aumenta las probabilidades de padecer cardiopatía isquémica, mientras que el control de dichos factores podrían prevenir la incidencia y prevalencia de las ECV. Pero al paciente le resulta mucho más fácil y cómodo seguir el tratamiento farmacológico que establecer modificaciones en su estilo de vida, que precisan tiempo y esfuerzo.

Comunicación médico-paciente

En las modificaciones en el estilo de vida el médico tiene un papel fundamental. Debe explicarle al paciente lo que le ha ocurrido y el tratamiento pautado. Además, es importante que intente simplificar las partes modificables del tratamiento para facilitar la calidad de vida del enfermo y debe animar a mantener unos hábitos saludables.

También hay que tener en cuenta que los pacientes suelen confiar en su farmacéutico. En ocasiones, recurren a él con dudas de los fármacos prescritos y de otros aspectos de la enfermedad que le preocupan. Por ello, el papel de farmacéutico claramente refuerza el papel del médico.

Valorar la adherencia

La relación médico paciente es la base fundamental sobre la que se basa el plan de tratamiento de cualquier tipo de proceso asistencial. El papel del médico y de todo el equipo asistencial resulta clave en el proceso de adherencia terapéutica. Entre las primeras estrategias que se utilizan para valorar la adherencia están los métodos directos, como puede ser la comprobación de la retirada de los fármacos en la farmacia. En este sentido, es de gran utilidad la receta electrónica.

En la entrevista clínica también se puede conocer la adherencia con métodos indirectos, como por ejemplo con los test de Morisky-Green o el de cumplimiento autocomunicado (test de Haynes-Sackett). Es un método muy fiable si el paciente se declara no cumplidor y es útil para indagar sobre las razones de la no adherencia. El Test de Morisky-Green valora si el paciente adopta actitudes correctas en relación con la terapéutica. Se utilizan las siguientes 4 preguntas: ¿Se olvida alguna vez de tomar los medicamentos? ¿Toma los medicamentos a las horas indicadas? Cuando se encuentra bien, ¿deja alguna vez de tomarlos? Si alguna vez le sientan mal, ¿deja de tomar la medicación? Para considerar una buena adherencia, la respuesta de todas las preguntas debe ser adecuada (no, sí, no, no).

Por su parte, el Test de Haynes Sackett consiste en realizar al paciente la siguiente pregunta: La mayoría de la gente tiene dificultad en tomar los comprimidos, ¿tiene usted dificultad en tomar los suyos? Si la respuesta es afirmativa se solicita al paciente el número de comprimidos olvidados en un periodo de tiempo (por ejemplo, los últimos siete días o el último mes) y se determina el porcentaje con respecto al número de comprimidos indicado. Se considera buena adherencia en aquel paciente que declara haber tomado una cantidad de comprimidos > 80% y < 110% de los prescritos.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Cardiología María Jesús Valero Masa, Antonio Rojas González, Allan Roberto Rivero Juárez, Antonia Montalvo Martín y Marta Superna Pola, de Madrid, y el endocrinólogo Antonio Ambrosio Gippini Pérez, el nefrólogo Emilio Antonio Armada Rodríguez, y los médicos generales Carlos Moral Paredes, Emiliano Quiroga Gayoso y Modesto Novoa Novoa, del Centro de Salud A Ponte, en Ourense.

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