Cambiar los hábitos de vida es clave para el control de los factores de riesgo cardiovascular

Los principales factores de riesgo de enfermedad cardiovascular pueden ser no modificables (edad, sexo, factores genéticos/historia familiar) o modificables: hipertensión arterial (HTA), tabaquismo, hipercolesterolemia, diabetes mellitus (DM) y sobrepeso/obesidad (particularmente la obesidad abdominal o visceral), frecuentemente unidos a la inactividad física. Estos son los denominados factores de riesgo mayores e independientes, y son los que tienen una asociación más estrecha con la enfermedad cardiovascular.

El consumo de cigarrillos es el factor de riesgo más importante de enfermedad coronaria. La cardiopatía isquémica produce, aproximadamente, el 40% de todas las muertes relacionadas con el tabaco. Los consumidores de 20 cigarrillos o más al día tienen un riesgo de desarrollar cardiopatía isquémica hasta 3 veces mayor que los no fumadores. Incluso el consumo de 1 a 4 cigarrillos al día incrementa el riesgo de padecer enfermedad coronaria.

Además, el tabaquismo aumenta el riesgo de sufrir ictus, arteriopatía periférica, aneurismas aórticos y muerte súbita. El tabaco favorece la ateromatosis a través de diversos mecanismos, como son el aumento de la presión arterial, el incremento del tono simpático, la alteración de la función endotelial, la oxidación de la LDL, el aumento de la agregación plaquetaria y el incremento de los mediadores inflamatorios. Además, favorece la vasoconstricción y, por lo tanto, aumenta el riesgo de espasmo coronario y de arritmias.

Hipertensión

La hipertensión arterial es otro de los factores de riesgo importantes de enfermedad coronaria. Se considera que un adulto debe tener una presión arterial inferior a 140/90 mmHg, e idealmente, inferior a 120/80 mmHg. El aumento de la presión dentro de las arterias hace que la pared sufra arteriosclerosis, la cual termina por obstruir el flujo de sangre y, por ello, puede conducir a infartos y otras lesiones en los órganos y tejidos afectados.

Además, la hipertensión arterial hace que el ventrículo izquierdo se hipertrofie, ya que tiene que vencer la alta resistencia que supone el aumento de presión en la aorta. Si la hipertensión arterial no se controla, el ventrículo izquierdo puede desfallecer, apareciendo entonces insuficiencia cardiaca.

La hipercolesterolemia es un factor de riesgo importante de ateromatosis. El colesterol es un constituyente de las placas de ateroma. Diversos estudios han demostrado que el aumento del colesterol LDL se asocia a un riesgo incrementado de enfermedad coronaria.

Difícil control

Si bien el abordaje de los factores de riesgo debe ser en conjunto, es bien sabido que aquellos que significan un cambio en el estilo de vida son los de más difícil implantación. Así, el abandono del tabaco, el ejercicio físico y el cambio en la dieta son los más difíciles de llevar a cabo por el paciente. Por eso, los factores de riesgo que peor se controlan en la enfermedad cardiovascular son la obesidad, el tabaquismo, la hipercolesterolemia, la diabetes y la hipertensión. Con respecto al primero, es un factor de riesgo de difícil control porque no hay un tratamiento específico y está asociado a otras patologías, como la diabetes. Además, las dietas no siempre dan buenos resultados y dependen mucho del interés que el paciente ponga en ellas. En los casos en los que se obtienen resultados positivos, no suelen ser duraderos a largo plazo. Para mejorar esta situación, habría que implementar medidas desde la infancia y más dedicadas a cambiar los hábitos alimentarios, que a la restricción dietética. El gran problema del tabaquismo es que está muy arraigado, por lo que hay que implementar medidas eficaces de prevención entre los más jóvenes.

Y el problema de la hipercolesterolemia es cada vez es más frecuente, los tratamientos son de por vida y la adherencia no es buena, siendo una patología que casi no tiene manifestaciones externas por lo que a veces el riesgo es poco valorable por parte del enfermo.

Igualdad de sexos

Hombres y mujeres de mediana edad tienen los mismos riesgos de ECV durante su curso de vida: dos de cada tres sufren alguna forma de ECV. Hoy en día parece que las diferencias en la incidencia de enfermedades cardiovasculares entre hombres y mujeres tienen que ampliarse al papel que juegan los factores de riesgo y los hábitos de vida. Antiguamente, el tabaco era consumido sobre todo por los hombres, pero esta tendencia se está invirtiendo sobre todo entre la población joven. Además, las mujeres presentan mayor incidencia de obesidad y diabetes después de la menopausia. Sin embargo, hay diferencias considerables en la primera manifestación de ECV. Los hombres son más proclives a sufrir enfermedad coronaria como primer episodio, mientras que las mujeres lo son más a padecer enfermedad cerebrovascular o insuficiencia cardiaca como primer episodio, aunque con más frecuencia estas manifestaciones aparecen a edad más avanzada. A partir de los 65 años de edad, la carga de factores de riesgo, excepto para el tabaco, es mayor en las mujeres que en los varones.

Riesgo en España

Así, los factores de riesgo cardiovascular más frecuentes en la población española son la hipercolesterolemia (colesterol total >200 mg/dl, 46,7%), hipertensión arterial (37,6%), tabaquismo (32,2%), obesidad (22,8%) y diabetes mellitus (6,2%). Los valores medios de presión arterial, índice de masa corporal, colesterol de las lipoproteínas de alta densidad y glucemia varían ampliamente con la edad, el sexo y las áreas geográficas. La mayor carga de factores de riesgo cardiovascular se observa en las zonas sureste y mediterránea y la menor, en las áreas norte y centro. Las prevalencias de HTA y de DM aumentan progresivamente con la edad en ambos sexos. No así la prevalencia de hipercolesterolemia y obesidad, en las que se produce una estabilización o incluso una ligera disminución a partir de los 65 años de edad. Por el contrario, el tabaquismo es más prevalente en edades jóvenes y tiende a disminuir de forma significativa con la edad, sobre todo en el caso de las mujeres. En el grupo de edad de 20-44 años, los varones muestran mayor prevalencia que las mujeres en todos los FRCV considerados. En el grupo de 45-64 años de edad, excepto el tabaquismo y la DM, que es más frecuente entre los varones, las mujeres tienen más obesidad (el 35,1 frente al 24,8%) y cifras similares de hipercolesterolemia e HTA que los varones.

En resumen, en España la prevalencia de los principales FRCV probablemente sea elevada y similar a la observada en los países europeos de nuestro entorno. La prevalencia de obesidad, HTA, hipercolesterolemia y DM tiende a aumentar con la edad, y el aumento es más evidente en las mujeres. El tabaquismo, en cambio, es más prevalente en edades tempranas y tiende a disminuir de forma significativa después de los 45 años. Las diferencias geográficas observadas en la carga y la distribución de estos factores de riesgo podrían contribuir a explicar las diferencias en el patrón de incidencia y mortalidad por enfermedad isquémica del corazón descrito en España.

Prevención

En este contexto, hay que tener en cuenta que la Atención Primaria y, por tanto, todos sus profesionales constituyen el entorno ideal y más eficiente para la promoción de hábitos de vida saludables y prevención de las enfermedades cardiovasculares mediante la identificación y modificación de los factores de riesgo cardiovascular. Desde hace años en los centros de salud españoles se desarrollan programas de actividades preventivas y de promoción de la salud con el objetivo es promover estilos de vida y detectar aquellos individuos que presentan factores de riesgo cardiovascular. La detección se realiza pues de forma oportunista, lo que permite realizar las actuaciones concretas de acuerdo con las características del paciente, con el objetivo de identificar los factores de riesgo cardiovascular no conocidos en el momento que el paciente acude al centro de salud por cualquier otro motivo de consulta (un alto porcentaje de personas con algún factor de riesgo cardiovascular no lo sabe).

Tanto el médico de Atención Primaria como el farmacéutico comunitario tienen un papel importante en la prevención de esos factores. Ambos son un punto muy importante de información para el paciente y cuentan además con su confianza por lo que juegan un papel fundamental ofreciendo formación sobre medidas higiénico-dietéticas y soluciones farmacológicas al paciente.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Ana Rosa Gutiérrez Rodríguez, del Centro de Salud de la Eria; Joaquín Aracil Villar, del Centro de Salud El Cristo, ambos en Oviedo, y Rodrigo Abad Rodríguez, del Centro de Salud Pola de Siero, en Siero; los médicos de Atención Primaria Carmen Lires Rodríguez, del Centro de Salud de Porto Do Son; Rubén Blanco Rodríguez, del Centro de Salud de Lousame; Germán Allut Vidal, del Centro de Salud de Rianxo, y Manuel Lado López, del Centro de Salud de Vite, y los médicos generales Modesto Novoa Novoa, Javier Merelles Otero, Alfonso Patricio Novoa, Manuel Rey Rionegro y Miguel Ángel González Rodríguez, del Centro de Salud de Verin.

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