El control del síndrome metabólico es clave para el manejo de los factores de riesgo cardiovascular

El concepto de síndrome metabólico (SM) es relativamente reciente. Se definió en la década de los 70 como la coexistencia de obesidad troncular, dislipoproteinemia, intolerancia a la glucosa o diabetes mellitus, hipertensión arterial, hiperuricemia, hipercoagulabilidad y defectos de la fibrinolisis, hiperandrogenismo, hígado graso, cálculos biliares, osteoporosis y elevado riesgo cardiovascular. Posteriormente fue definido como síndrome X de Rave, sugiriendo que la resistencia insulínica sería el nexo de unión fisiopatológico. El aumento de riesgo cardiovascular asociado con el síndrome metabólico va más allá de lo esperado de la acumulación de factores de riesgo por separado. Se han desarrollado diferentes criterios para definirlo. La presencia de obesidad central cobra mayor importancia. En la actualidad, se dispone de datos que confirman que los pacientes con síndrome metabólico poseen un riesgo cardiovascular alto. El reconocimiento del SM es pues otra forma de estimación del RCV con determinaciones accesibles a todo clínico. Es importante considerar el aspecto dinámico de este síndrome, ya que puede emerger progresivamente o bien hacerse reversible en gran medida por cambios mantenidos en el estilo de vida. A diferencia de la valoración con las escalas de riesgo al uso, en el SM reconoce a la obesidad abdominal un papel central que destaca sobre los demás componentes Se caracteriza por la presencia de distintos componentes: obesidad abdominal, dislipemia aterogenica, HTA, resistencia a la insulina con o sin intolerancia a la glucosa y estado protrombotico y proinflamatorio definido como aumento de los niveles de PCR fibrinógeno y factores de coagulación.

La definición más utilizada es la propuesta por el ATP 3. Según esta se definiría por la presencia de al menos 3 de los 5 criterios (glucosa ayunas >110, perímetro abdominal > 110 en hombres y 88 en mujeres, TG >150, colesterol HDL <40 en hombres y 50 en mujeres, PA>130/85). En caso de no poder utilizar perímetro abdominal es aceptable IMC. Según la Federación Internacional de Diabetes, IDF, los factores a considerar serían: perímetro abdominal aumentado, acompañado de al menos dos de los siguientes 4 criterios: TG elevados, colesterol HDL bajo, HTA y glucosa plasmática alterada, siendo mucho más restrictivos para los niveles de glucosa en plasma (100) y perímetro abdominal entre 94 y 80, respectivamente. Por su parte, la OMS considera el elemento clave la resistencia a la insulina, siendo menos operativa clínicamente y menos utilizada.

La prevalencia del síndrome metabólico supera el 30% de la población adulta, predominando en varones hasta la edad de 55 años, se iguala en la década de 55-65 años y aumenta en las mujeres a partir de los 65 años.

En aumento

El estudio ENRICA, sobre el manejo del síndrome metabólico en España 2008-2019, muestra que casi la cuarta parte de los adultos españoles lo tienen y cerca de la quinta parte tienen síndrome metabólico premórbido. Existen grandes variaciones geográficas entre las diferentes comunidades autónomas en España, pero en el estudio se han incluido 12.948 personas estratificadas y con datos recogidos a través de encuesta telefónica que incluía estilos de vida y dieta, realización de una visita en domicilio para obtener muestra de sangre y otra para realización de examen físico.

La prevalencia obtenida, con al menos 3 criterios es de 22,70%, cifra que aumenta con la edad y fue mayor en varones hasta 65 años, a partir de esa edad aumentaba más en mujeres. La frecuencia de síndrome metabólico premórbido fue del 16,9%. También refleja la relación directa con la epidemia de obesidad, sobre todo la de origen central, que junto con la hipertensión arterial, fueron los 2 criterios de síndrome metabólico más frecuente.

Hay que recordar que el sobrepeso y la obesidad infantil han aumentado en todo el mundo, y son un serio problema de salud pública. En 2013, el estudio Aladino, realizado para todo el territorio español, muestra que el exceso de peso infantil (obesidad más sobrepeso), en población de 6 a 9 años de edad, es el 44,5% (18,3 obesidad y 26,2% sobrepeso).

Factores presentes

Así, los factores que aparecen con más frecuencia en la misma persona son, según el estudio Pamela, la HTA, disminución de HDL y aumento de trigliceridos y obesidad central. Cuando aparecen estos tres criterios generalmente también se cumple el otro, la glucemia en ayunas mayor de 110. De esta forma, el riesgo relativo de mortalidad total y de mortalidad cardiovascular era claramente mayor en los pacientes con síndrome metabólico, tanto en hombres como en mujeres, y el riesgo de ictus o accidente isquémico transitorio era mayor también en pacientes con síndrome metabólico, tuvieran o no diabetes, siendo el riesgo mayor según aumentaba el número de criterios de síndrome metabólico.

No obstante, hay que tener en cuenta que el sobrepeso y la obesidad promueven una resistencia a la insulina y ésta una alteración de la glucosa en ayunas, una alteración del perfil lipídico, con aumento de los triglicéridos y disminución del HDLc y aumento de la presión arterial. Otros factores añadidos son alteraciones de la coagulación y de inflamación, agravados por vida sedentaria, el tabaquismo y malos hábitos alimentarios.

Reducir el riesgo

En este contexto, hay que resaltar que el objetivo del tratamiento es disminuir el riesgo cardiovascular, de ictus, diabetes, enfermedad renal e insuficiencia vascular de miembros inferiores,…

Por eso, el primer paso se debe centrar en una reducción de peso, como mínimo un 7-10%, mediante el seguimiento de una dieta equilibrada y ejercicio de 30 minutos mínimo al día. La disminución del colesterol se llevará a cabo, con dieta, ejercicio y fármacos, donde las estatinas ocupan la primera posición, seguidas del fenofibrato.

En cuanto al manejo de la HTA, se empieza con una dieta hiposódica y con fármacos, ARA II, IECAs, betabloqueantes, calcioantagonistas y diuréticos, en función de las características del propio paciente. El tratamiento debe ser de forma conjunta siempre, corrigiendo todos los criterio que cumpla el paciente.

En el manejo del síndrome metabólico, el farmacéutico puede ser de utilidad, ya que son muchos pacientes acuden a las oficinas de farmacia a controlar su peso, su presión arterial y el control de su glucosa. Una correcta información por parte del farmacéutico puede ayudar a diagnosticar y tratar el síndrome metabólico.

Porque el farmacéutico tiene una labor importante tanto a la hora de informar sobre los FRCV, insistiendo en hábitos de vida saludables. Estamos ante un problema importante de salud pública por la cantidad de pacientes afectados y por afectar a pacientes que se convierten en crónicos con pluripatología, complejos y frágiles. En este sentido, los farmacéuticos también tienen su labor mejorando la calidad de la atención sanitaria fomentando el uso apropiado de los medicamentos.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Endocrinología  Rosa Mary Baldonedo Costoya, José Manuel Badenas Sierra, Mª Ángeles Saavedra Blanco y el cardiólogo Alberto Chocano Higueras, y los médicos generales Javier Castellanos Maroto, Ramón Tarano Suarez Llanos, Eva María Puente Pérez, Mª Luisa Romero García, José Luis Expósito Cañamero, Teresa Martin Cantó, Mª Pilar Pina Herranz y Silvia Ruiz Cotoli, todos de Madrid.

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