jueves 4/3/21

La coordinación entre médicos, enfermería y farmacia es clave para el manejo del diabético tipo 2

Los agentes sanitarios implicados en el paciente diabético son el médico, el personal de enfermería y el farmacéutico. El papel del médico es de sobras conocido. Es el que interviene en el diagnóstico del paciente, confirma la diabetes que puede ser sospechada por los otros agentes sanitarios, establece el tratamiento ya sea simplemente dietético o farmacológico e interviene el seguimiento valorando siempre si se cumplen los estándares de las guías de la diabetes y si hay que hace cambios farmacológicos de medicación o ajustar las dosis.

El papel de enfermería es fundamental para conseguir que los pacientes estén bien controlados. Interviene en todas las fases. En la sospecha inicial diagnóstica, en el tratamiento y básicamente en la parte de educación, explicando la dieta, recomendando ejercicio físico más adecuado a cada paciente según su edad y a sus condiciones, valora si el paciente está bien controlado si se toma adecuadamente la medicación y participa en el seguimiento de los diferentes factores de riesgo que tienen los pacientes, donde descarta pie diabético, deriva para valorar la retina, electrocardiogramas y analíticas periódicas ....

El papel del farmacéutico comunitario es el menos conocido y seguramente el menos valorado. No hay dudas de su importancia, pero sí que se tendría que fomentar y valorar más. La farmacia comunitaria tiene un contacto muy cercano con los pacientes y además muy frecuente. Muchos pacientes tienen una gran confianza en su farmacia. Le consultan muchos temas sanitarios.

Asistencia a crónicos

No hay que olvidar que el actual modelo asistencial está configurado principalmente para la atención de problemas de salud que se presentan de forma aguda. Sin embargo, el envejecimiento, el incremento de la esperanza de vida y los hábitos sociales de los ciudadanos entre otros factores está aumentando notablemente la prevalencia de patologías crónicas. En este sentido, se hace imprescindible la reorientación del modelo asistencial para adaptarse a las necesidades del paciente crónico, con una atención centrada en la persona, asegurando la integración y continuidad asistencial con trabajo en equipos multidisciplinares. La diabetes es un ejemplo de la enfermedad crónica. A su larga duración, con una progresión lenta y continua, se asocia una alta comorbilidad y muerte prematura y conlleva disminución de la calidad de vida con limitaciones funcionales y discapacidad. Por eso, el primer cambio que deber realizarse es un enfoque proactivo y preventivo de la enfermedad frente a una visión curativa. La prevención está orientada a tratar y corregir factores de riesgo prevenibles y relacionados con los hábitos y estilos de vida, como el consumo de tabaco, una dieta poco saludable y la falta de actividad física.

La atención a la cronicidad se basa en la atención centrada en el paciente. Este adquiere el rol de cuidador de su propia enfermedad frente al paciente agudo que solo recibe cuidados. A través de la educación el médico, el enfermero, el farmacéutico informan, motivan y capacitan a la persona con diabetes para que tome un papel activo en su enfermedad.

Continuidad de cuidados

La atención a la persona con diabetes precisa de unos cuidados continuos y continuados a lo largo de la vida. Su tratamiento óptimo se debe desarrollar dentro de un modelo de trabajo en el que todos los profesionales implicados en su atención utilicen criterios de actuación comunes, con toma de decisiones basadas en la evidencia, así como vías de comunicación y coordinación efectiva para ofrecer una atención de calidad. Todo ello, requiere que se garantice en todo momento la continuidad asistencial entre ambos niveles de salud y un enfoque integral en todos los ámbitos: sanitario, social y comunitario. Los límites entre los niveles asistenciales del sistema deben difuminarse para permitir una verdadera integración de las organizaciones de atención de salud, las comunidades, las políticas y los pacientes.

La colaboración entre los profesionales es buena, aunque se podría mejorar de muchas maneras. Una de ellas sería, por ejemplo, que los horarios entre enfermera y médico coincidan en el mismo momento. La presión asistencial no favorece en nada al paciente. Es también mejorable la interacción entre el médico y el farmacéutico comunitario, respecto a temas de interés, como saber si el paciente recoge la medicación cada mes, la caducidad de la receta, efectos adversos, cumplimiento o dudas del paciente.

Comunicación

La relación sanitaria entre los agentes sanitarios y los pacientes diabéticos es hoy en día en general muy buena ya que suele haber una relación de confianza entre los mismos. Muchas veces los pacientes tienen unos valores, unas prioridades en su vida que no concuerdan con las de sus médicos. Conocer mejor estos aspectos pueden ayudar a entender cuáles son las mejores mediadas y que fármacos se pueden ajustar más para conseguir unos mejores resultados.

La llave para tener un sistema sanitario de éxito es mejorar la comunicación con el paciente. Y es que el abordaje de la diabetes se debe plantear con un equipo multidisciplinar, en el que participen médicos, enfermeros, nutricionistas y farmacéuticos, con el objetivo de tener un control lo más amplio posible de la enfermedad. Hay que incidir en el cambio de los hábitos de vida, fomentando la actividad física y comiendo de manera saludable, sin olvidar la adherencia terapéutica.

Para mejorar esta situación, hay que optar por cualquier medida que permita el compartir datos sobre diabetes entre paciente, centro salud y oficina farmacia, ya que sería de gran ayuda a la hora de crear una detección precoz de anomalías, así como de fomentar el buen control.

Una mayor formación del paciente sobre su enfermedad sería de enorme ayuda, creando el paciente experto, fomentando siempre una buena comunicación a través de unos canales fluidos de información entre los estamentos sanitarios y la farmacia comunitaria. Sería interesante que se implemente estas medidas de forma generalizada y sobre todo si se realiza una buena labor de difusión entre los pacientes de cualquier programa que exista en el centro de salud o en el hospital.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Juan Luis Frigola Marcet, Angel Julián Donado-Mazarrón Romero, Manel Andreu Ruiz, Josep María Farre Marimon y Pablo Hsu Chung, de Reus, Tarragona; los especialistas en Medicina de Familia Antonio Mario Gascue Rancaño, Lluis Sabala Abello y Mouad Rahmouni, de Girona, y la endocrinóloga María Esther Batista Álvarez, y los médicos de Atención Primaria Josep Llaona Butiña, Encarna Ramón Meneses y Elena Hernández Boluda.