Detección y manejo del paciente hipertenso

Para tener un buen diagnóstico de la hipertensión arterial  es necesaria hacer al menos tres tomas de la presión arterial en el centro de salud. Cuando se presentan en forma repetida cifras por encima de 140-90mmHg ya se puede hablar de HTA. Puede haber dudas al respecto en cuanto a tomas o el paciente está en cifras límite, entonces se solicita una Medida Ambulatoria de la Presión Arterial (MAPA). Además, se puede realizar un control analítico y un ECG. Normalmente, el diagnóstico se hace por la toma de la presión arterial por un control rutinario cuando el paciente acude a la consulta por otra causa o si tiene sintomatología. Es bueno que después de la toma inicial, el paciente se cite con enfermería varios días para confirmar la patología.

También hay que tener en cuenta la gran variabilidad de la presión arterial y el llamado fenómeno de bata blanca, que han extendido la utilización de la automedida domiciliaria de la presión arterial (AMPA) y la monitorización ambulatoria de la presión arterial (MAPA) como métodos necesarios tanto para establecer un correcto diagnóstico. Y es que cerca del 60 por ciento están controlados; el 25 por ciento son no cumplidores, el 40 por ciento tiene diabetes y HTA, mientras que el 45 por ciento presenta cifras de colesterol elevadas y el 20 por ciento un accidente cerebrovascular previo, aunque estás cifras pueden variar según la población estudiada. Eso sí, el paciente con un accidente previo es en el 99% de los casos cumplidor, suele atenerse al tratamiento y a los consejos del especialista.

Tratamiento farmacológico

El tratamiento farmacológico suele comenzar con un IECA, y si no se toleran por efectos secundarios se cambia a un ARAII, iniciando el tratamiento con la dosis más baja para prevenir los efectos adversos de reducciones muy importantes o abruptas en la presión arterial. No obstante, hay que tener en cuenta que el tratamiento antihipertensivo forma parte del manejo integral del riesgo cardiovascular y que con frecuencia es necesaria la asociación de otras terapias encaminadas a reducir el riesgo cardiovascular. Por eso, cualquier fármaco de los cinco grupos principales (diuréticos, betabloqueantes, calcioantagonistas, IECA y ARAII) es válido para el inicio del tratamiento. La elección de un determinado tipo de fármaco debe ser individualizada para cada paciente, que se basa en la existencia de trastornos clínicos asociados y de otros factores de riesgo o de enfermedades concomitantes. En cualquier caso, se comenzará el tratamiento con una dosis baja del fármaco ya que esta medida minimiza los efectos secundarios.

Aunque hay que tener en cuenta que la monoterapia controla tan sólo a un 30 a un 50 por ciento de los pacientes con HTA, por lo que en la mayoría de los casos será preciso utilizar asociaciones. En pacientes de alto o muy alto riesgo cardiovascular derivado de presentar diabetes de larga evolución, enfermedad renal u otra enfermedad vascular establecida puede llegar a ser necesario utilizar más de dos fármacos en aproximadamente un 25 por ciento de los casos.

Según las directrices actuales, se debe comenzar con doble terapia en caso de pacientes con elevación marcada de la presión arterial, riesgo cardiovascular elevado o muy elevado y objetivo de presión arterial menor. La toma de la decisión en el tratamiento de la HTA no sólo depende de las cifras, sino de si existen o no otros factores de riesgo cardiovascular, la edad, hábitos de vida y sexo. Casi todos los fármacos que existen hoy en día cumplen los requisitos para elegirlos como fármacos de primera elección. Hay que tener en cuenta edad, raza, sexo, afectación de órgano diana y factores de riesgo cardiovascular.

Filtro de la farmacia

En el control del paciente hipertenso, el farmacéutico puede colaborar en que tenga un mayor conocimiento sobre su problema, en que aprenda él mismo a medir sus cifras de presión arterial y a que también sepa tener un control que evite complicaciones. También la farmacia juega un papel importante haciendo de filtro cuando es necesario, es decir, cuando se toma la tensión en un oficina de farmacia, el farmacéutico debe saber cuándo es necesario y cuando no derivar al médico.

En este contexto, la farmacia comunitaria, que es el centro más cercano al paciente, puede favorecer un mejor control y una intervención rápida. Además, puede transmitir tranquilidad al paciente y puede llevar un control de las cifras de HTA. Con la receta electrónica también puede saber si el  paciente toma el tratamiento o no.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Atención Primaria Mª Antonia Sánchez Calavera, Juan José Valero Crespo, Miguel Serrano Cubero, Pilar López Esteban y José Porta Quintana, del Centro de Salud José Ramón Muñoz Fernández, de Zaragoza; Lourdes Clemente Jiménez, Laura Jericó Clavería, Olga López Abad y Elena Asso Otal; Alfredo Herranz, José Antonio Urbistondo, José Manuel  Vela y Juan Martínez, del Centro de Salud Delicias Norte; los médicos de familia Nuria Bosch Girona, Mª Ángeles Coloma García, Pascual Mañes Vicente, Pedro Moreno Pareja y Mª Jesús Sirera Corbin, del Centro de Salud Serrería I, y José Vicente Lozano Vidal, José Nova Álvarez, Óscar Sala Lajo, Mª Victoria Donet Yagüe y Pascual Llop Uso, del Centro de Salud Serrería II.  

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