Detección y manejo del síndrome metabólico

El síndrome metabólico es una condición clínica que podría definirse como un "conjunto de factores de riesgo de aterotrombosis". De hecho, el National Cholesterol Education Program (NCEP) Adult Treatment Panel III (ATP III) lo incorporó en las guías de manejo de la hipercolesterolemia, como un riesgo asociado a los niveles elevados de colesterol LDL. Es indudable que el síndrome metabólico es un factor que predispone al origen y desarrollo de la ateroesclerosis y su correlación con la morbimortalidad cardiovascular. Su presencia incrementa de dos a tres veces el riesgo de enfermedad coronaria, accidente cerebro-vascular isquémico y mortalidad cardiovascular global.

Pero los pacientes con síndrome metabólico rara vez presentan síntomas. Sin embargo, ciertos signos pueden conducir al médico al diagnóstico del síndrome metabólico. Por eso, es recomendable revisar los niveles de colesterol HDL y triglicéridos, la presión arterial y el peso corporal, que son signos de advertencia del síndrome metabólico. También pueden realizarse análisis de sangre para medir los niveles de glucosa e insulina en la sangre. Porque reconocer la presencia del síndrome metabólico en una población sana es clínicamente beneficioso para facilitar las estrategias de prevención de la enfermedad cardiovascular. 

El síndrome metabólico es un conjunto de afecciones, el tratamiento se inicia abordando las afecciones subyacentes. Por lo tanto, si el paciente tiene diabetes, hiperinsulinemia, colesterol alto o tensión arterial alta debe ponerse en manos de un médico para controlar estas enfermedades. Hacer ejercicio y bajar de peso son fundamentales para mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la presión arterial y los valores de colesterol.

Definición

Los términos síndrome metabólico y síndrome de resistencia a la insulina se han empleado de forma indistinta. Sin embargo, no son sinónimos, puesto que este último no es una entidad nosológica, sino un estado fisiopatológico que favorece la aparición de varias alteraciones que se relacionan con un mayor riesgo de ciertas enfermedades. La resistencia a la insulina no desemboca necesariamente en los factores de riesgo o enfermedades relacionadas con el síndrome metabólico y éstos pueden aparecer en ausencia de resistencia a la insulina. El concepto de síndrome metabólico es una aproximación clínica cuyo sentido es detectar situaciones que induzcan a realizar cambios en el estilo de vida para reducir el riesgo de aparición de enfermedad cardiovascular y diabetes.

Para diagnosticarlo se cuenta con la presencia de dos o tres de estos factores. Obesidad central o abdominal, que en hombres es de más de 101 centímetros y en mujeres, más de 89 centímetros; triglicéridos de 150 mg/dl; colesterol HDL, en hombres, menos de 40 mg/dl y en mujeres, menos de 50 mg/dl; presión arterial de 130/85 mmHg o más y glucosa en ayunas de 100 mg/dl o más.

Otros factores a tener en cuenta son el envejecimiento, genes que hacen a la persona más propensa a sufrir esta afección, cambios en las hormonas masculinas, femeninas y del estrés y falta de ejercicio.

Las personas con síndrome metabólico a menudo tienen uno o más problemas que pueden estar ligados a la afección, como es el  aumento del riesgo de coagulación sanguínea, el de los niveles de sustancias en la sangre, que son un signo de inflamación en todo el cuerpo, y pequeñas cantidades de una proteína llamada albúmina en la orina. Y es que la detección de los componentes del síndrome metabólico en una población de riesgo clínico identifica a un grupo de pacientes con altas probabilidades de repetir nuevos eventos cardiovasculares. La prevalencia del síndrome en pacientes con enfermedad vascular manifiesta es cercana al 50% y  su presencia es un indicador de un mayor avance ateroesclerótico.

Abordaje

En ciertas ocasiones, el síndrome metabólico se puede tratar con medicamentos, pero el médico le pedirá al paciente que haga modificaciones en su estilo de vida, entre ellas, consumir una alimentación adecuada, evitar los dulces, dejar de fumar y consumir menos alcohol. En cuanto al tratamiento, hay que recordar que el síndrome metabólico es un conjunto de afecciones, el tratamiento se inicia abordando las subyacentes. Por lo tanto, si el paciente tiene diabetes, hiperinsulinemia, colesterol alto o presión arterial alta debe ponerse en manos de un médico para controlar estas enfermedades. Hacer ejercicio y bajar de peso son fundamentales para mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la presión arterial y los valores de colesterol. 

En ciertas ocasiones, el síndrome metabólico se puede tratar con medicamentos, pero el médico le pedirá al paciente que haga modificaciones en su estilo de vida, entre ellas, consumir una alimentación adecuada, evitar los dulces, dejar de fumar y consumir menos alcohol.

Las  medidas farmacológicas ideales serían aquellas que consiguieran disminuir la insulinorresistencia, aumentando por tanto la sensibilidad a la insulina en tejidos periféricos. Aunque el fármaco ideal no exista, sí que se contempla la utilización de ciertos fármacos que además de para sus indicaciones específicas (hipoglucemiantes, hipolipidemiantes, hipotensores,…) aúnan su efecto sensibilizador de insulina.

A pesar de esto, no deben obviarse los riesgos asociados al uso de diversos fármacos, los cuales son generalmente específicos de clase (por ejemplo, hipoglucemia severa con el uso de insulina y sulfonilureas o miositis y disfunción hepática con estatinas), por lo que el médico debe evaluar cuidadosamente el riesgo-beneficio asociado a tratamientos específicos y tratar de lograr un nivel de control de las enfermedades que reduzca óptimamente el riesgo de morbilidad y mortalidad y, al mismo tiempo, minimizar la ocurrencia de procesos adversos mediante la selección adecuada de los pacientes y la monitorización apropiada de los fármacos.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina General Emilio Ruiz Jarillo y Miguel Ángel Sánchez Gutiérrez y el cardiólogo Oreste Vaccari, del Centro de Salud de Miajadas, Cáceres, y Oxana Lemus Rodríguez, de la Clínica Rincón; Ignacio de Pedro Ureta, del Centro de Salud Perina, y Armando Fonseca Ríos, de la Clínica Rusadir.

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