El diabético debe adaptarse poco a poco a los cambios inherentes a su enfermedad

En los primeros momentos, la persona desconoce el impacto que puede tener la diabetes. El avance de los fármacos hipoglucemiantes, sobre todo en seguridad, ha mejorado las complicaciones derivadas del tratamiento. La cumplimentación y la poca flexibilidad horaria impactan en el día a día y en la aparición de complicaciones, como infecciones, hipoglucemias, condicionan en ocasiones situaciones de incapacidad temporal. Este impacto es mayor en aquellas personas que se encuentran en tratamiento con un régimen intensivo de insulina.

En estadios precoces, la enfermedad no debe afectar demasiado en la vida laboral ni en la vida cotidiana, dado que el primer escalón en el tratamiento serían los cambios en los hábitos (dieta y ejercicio). En fases más avanzadas se precisará del uso de fármacos, donde la preocupación principal es el temor a la insulinización y, en segundo lugar, plantear que puedan existir posibles complicaciones como la retinopatía o la claudicación intermitente e incluso amputaciones. También les puede preocupar los cambios que conlleva la enfermedad en el estilo de vida y sobre lo que supone un tratamiento continuo y sus posibles efectos adversos.

En muchos casos no resulta fácil adecuar dieta, tratamiento y horarios de alimentación a la actividad física. Además del miedo a las hipoglucemias el mayor rechazo al tratamiento con insulina. En determinados trabajos en cadena o en empresas donde el tiempo para las comidas y descansos es muy limitado es un verdadero problema que no les resulta fácil de solucionar. En algunos casos el paciente tiene incluso miedo al despido laboral pensando que la diabetes puede hacerles perder capacidad de trabajo y que sus jefes los puedan considerar menos productivos. En trabajos donde el paciente debe realizar viajes y comidas con clientes les resulta complicado ceñirse a la dieta correcta, suelen ceder ante las tentaciones, incluso en muchos casos se ven obligados a ello (quizá sea una buena excusa).

Accesibilidad

Por eso, hay que darles toda la información necesaria y la tranquilidad de saber que pueden consultar cualquier duda que les surja sobre su enfermedad. Las primeras semanas son complicadas, pero poco a poco, la mayoría entienden que su vida no tiene por qué ser tan diferente a la que llevaban antes del diagnóstico Lo más importante es encajar su tratamiento, dieta y ejercicio físico en su día a día. Sin embargo, en muchas ocasiones no es posible hacerlo o si se consigue, el paciente suele cansarse pronto.

Existen estudios que demuestran la mayor tasa de actividad laboral entre la población general respecto de la diabética y estas diferencias son mayores por debajo de los 25 y por encima de los 55 años. En coherencia con estos datos, la tasa de paro también es más desfavorable para los diabéticos en todos los tramos de edad.

Controlar la diabetes y poder integrarla en la vida diaria y laboral de cada paciente puede parecer al principio un desafío. Cualquier variable que se produzca en la vida del paciente diabético puede tener un importante impacto en el control y desarrollo de la enfermedad como puedan ser cambios sociales, laborales o emocionales.

Por lo que, desde el momento del diagnóstico va a ser importante tanto para el equipo sanitario como para el paciente conocer la influencia que tienen en su enfermedad, los hábitos, el entorno donde vive y el tipo de actividad laboral y horario que realiza.

Autogestión

El paciente deberá formar parte de este proceso, explicándole desde el principio que él va a ser el principal responsable de la base del tratamiento de su patología que se encargará del su autocontrol, con unos buenos hábitos de autocuidado para su situación individual.

En líneas generales, la vida laboral no debería afectar demasiado, salvo que el paciente esté insulinizado y obligue a controlar las glucemias con más cuidado. El impacto es importante, ya que va a precisar de un seguimiento más estrecho desde el diagnóstico, si la diabetes está controlada son aproximadamente 6 visitas sanitarias las que tiene que hacer al año, sin contar las relacionadas con problemas con la mediación, complicaciones, visitas a urgencias... Sin embargo, los cambios en el estilo de vida no van mucho más allá de las recomendaciones en población general, eso sí es de mayor importancia su cumplimiento.

En cuanto al tema laboral y cómo va a afectar la enfermedad al paciente en este ámbito, dependerá de muchos factores, empezando por el tipo de diabetes que padezca (tipo 1 o 2) y si requiere tratamiento oral y/o con insulina (que conllevará unas medidas de adaptación como una zona privada para hacerse los autocontroles), la posibilidad de compaginar con su actividad laboral los cuidados apropiados de alimentación y regularidad horaria, ejercicio físico y las revisiones médicas periódicas necesarias, los requerimientos físicos necesarios y las condiciones externas de cada trabajo.

El buen control del paciente repercutirá en un menor absentismo laboral. Se deben de realizar controles periódicos, control de los factores de RCV, presión arterial, peso, alimentación, pruebas complementarias ECG, examen de laboratorio, fondo de ojo, etc.

Individualización del tratamiento

El paciente en general cumple el tratamiento en función de su grado de concienciación sobre la enfermedad, la facilidad del mismo y de las trabas que encuentra en su vida diaria, donde las más frecuentes son horarios de trabajo prolongados o con sobrecarga física, horarios irregulares con turnos, imposibilidad para realizar autocontroles de glucemia, imposibilidad para acceder a algún alimento o al uso de su tratamiento. La individualización y la toma de decisiones son los conceptos claves en el seguimiento y valoración del paciente con diabetes, lo que implica establecer unos objetivos terapéuticos personalizados.

Los pacientes activos laboralmente se hacen más autocontroles y se les cita con menor frecuencia, puesto que se sabe que no acudirán a consulta si coincide con horario laboral. Además, se adapta el horario de mañana o de tarde para facilitar la accesibilidad.

Como la diabetes mellitus debe tener un abordaje multidisciplinar, el papel del farmacéutico es fundamental en el diabético con una vida laboral activa para mejorar la calidad de la asistencia y la adherencia al tratamiento. Así, la actuación en la farmacia va relacionada con la información sobre la medicación dispensada y su cumplimentación, importancia de los controles periódicos de la glucemia, etc. y que pueden ayudar a comprender dudas de la enfermedad que padecen y por lo tanto mejorar hábitos de vida saludable.

Así, el farmacéutico puede controlar la aparición de interacciones, instrucciones en la introducción de nuevos fármacos, posibles intolerancias, detección de efectos secundario y revisión de posologías.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina General José Alberto García Maicas, María Trinidad Izquierdo Nuñez y Fernando María Navarro Ros, del Centro de Salud de Paterna; José Antonio Minaya Collado, Juan Vicente Climent Gómez, Julia María Clemente García y Rosa Gómez Gómez, del Centro de Salud Campanar; Ana Tchang Sánchez, Enrique Guinot Martínez, Concha Martínez Pérez, Pilar Villanueva García y Gonzalo Palomar Peris, de Valencia, y los médicos de Familia Agustín Oliver Banuls, Maria José Guijarro Sánchez, Juan D.  Jorques Navarro y Manuel Cano Sanz, del Centro de Salud CSI Alzira, Valencia.

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