lunes 27.01.2020

La educación del paciente diabético sobre su enfermedad es necesaria para un buen manejo

La educación del paciente diabético sobre su enfermedad es necesaria para un buen manejo

La diabetes tipo 2 genera una elevada carga asistencial en las consultas, lo que supone que casi una tercera parte de las consultas efectuadas se deban a un problema relacionado específicamente con la diabetes 2. Es un hecho constatado que la presión asistencial dificulta su manejo. El sistema sanitario debe conseguir que la atención al paciente con diabetes sea accesible, de calidad, a un coste razonable y eficaz. Se deben utilizar todos los servicios sanitarios de forma adecuada y coordinada. De hecho, se dispone de protocolos consensuados que establecen los criterios de valoración inicial y el control evolutivo.

El paciente diabético precisa de mucha atención y dedicarle tiempo para poder hacer un diagnóstico correcto. La falta de tiempo es una constante en las consultas diarias.

En la mayoría de los casos, los especialistas no tienen problemas para solicitar todas las pruebas diagnósticas que consideran necesarias el paciente diabético. La enfermería en este sentido funciona muy bien, en coordinación con el médico de Atención Primaria.

Pasos a seguir

Hay que identificar y registrar en la historia clínica si la persona está en situación de riesgo de DM2. Entre otras cosas, hay que realizar una anamnesis, exploración física, valoración de hábitos tóxicos, valoración nutricional, valoración de la actividad física y sedentarismo, valoración motivacional para cambiar estilos de vida y consejo antitabaco.

Por su parte, para las personas sin diabetes conocida se realizará un cribado oportunista, mediante determinación de la glucemia en plasma venoso. En el embarazo se hará el cribado de diabetes gestacional mediante el Test de O´Sulivan y el cribado y diagnóstico de complicaciones crónicas se iniciara en el momento de la detección de la enfermedad.

Detección precoz

El diagnóstico precoz ayuda de forma importante a la hora de tratar al paciente diabético. Cuanto antes se tomen las medidas necesarias para estos pacientes, antes se controlará y su calidad de vida no se verá mermada. Desde los inicios es importante controlar la enfermedad y no que la enfermedad controle al paciente.

En este sentido, la enfermería en Atención Primaria tiene un papel fundamental. Tanto en detección, como en seguimiento y educación del paciente. Y gracias a ello se puede llevar un mejor control de esa población. La diabetes y la hipertensión son las enfermedades más prevalentes de la consultas de Atención Primaria. La enfermería tiene un protagonismo fundamental en la educación del paciente, con unos objetivos orientados a conseguir un cambio de actitud y comportamiento que promuevan la responsabilidad del paciente en el manejo de su enfermedad. Asimismo, desempeña un papel relevante en la prevención, el control y seguimiento de la enfermedad, al intervenir de una manera eficaz sobre el conjunto de factores de riesgo cardiovascular que presenta el paciente, valorar el grado de control y de seguimiento de las recomendaciones y planificar las actividades para conseguir los objetivos terapéuticos marcados.

Presión administrativa

La presión administrativa sobre la prescripción de la terapia antidiabética dificulta la individualización del tratamiento. Hay una constante presión sobre el gasto farmacéutico que realiza el médico de Atención Primaria, pero no se tiene en cuenta el beneficio para el paciente. A veces, se recomienda utilizar siempre la opción más económica, aunque en muchos casos se sabe que no es la más adecuada.

La iniciación o no intensificación del tratamiento cuando está indicado en DM2 es bastante elevada, lo que conlleva un mal control metabólico de dicha enfermedad, que favorece la aparición de la decisión sobre qué tipo de fármaco utilizar en la DM2 de reciente diagnóstico.

La inercia terapéutica es de mayor relevancia en el caso de las enfermedades crónicas, donde el tiempo de evolución es largo y en muchas ocasiones la alteración de un parámetro no siempre se acompaña de síntomas. El retraso en la intensificación del tratamiento cuando no se consiguen los objetivos es una de las grandes asignaturas pendientes de los profesionales sanitarios. Este retraso puede aumentar el riesgo de complicaciones crónicas y, consecuentemente, afectar a la calidad de vida de los pacientes, así como aumentar el consumo de recursos sanitarios que se precisan cuando aparecen dichas complicaciones.

Evitar complicaciones

El control global de los factores de riesgo cardiovascular es imprescindible para que el paciente con DM reduzca su riesgo de complicaciones cardiovasculares y microvasculares. El control del metabolismo glucémico es imprescindible. Y dentro de los fármacos de primera elección se encuentran sulfonilureas y metformina.

Existen varios grupos farmacológicos para el tratamiento de la diabetes con mecanismo de acción diferentes, lo que hace más complejo la elección de la terapia adecuada. Entre estos grupos terapéuticos se encuentran las sulfonilureas, las biguanidas, los inhibidores de las alfa glucosidasa, las tiazolidindionas, las meglitinidas, los inhibidores de la enzima dipeptil dipeptidas 4 (DPP-4), los agonistas del receptor del péptido similar a glucagón de tipo 1 (GLP-1) y más recientemente, los inhibidores de los cotransportadores de la bomba de sodio-glucosa a nivel renal (SLGT2).

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Joaquin Morales Jiménez, Juan Manuel González Cabezas, Antonio Garcia Recuero y Andrés Ruz Montes, del Centro de Salud de Ronda; Ramón Hernández Cortés, cardiólogo, Alfonso Delgado Torralbo, Antonio Zambrano Barea y Eugenio Sánchez López, médicos de Familia,  y Yussef Abu el Waffa Vaca, internista, del Hospital General de Jerez de la Frontera; y los médicos de Familia Antonio Fernández Llebrez Castaños, del Centro de Salud Zona Centro; Rafael Delgado Marquez, del Centro de Salud Torrox; José Rodríguez García, del Centro de Salud Antequera, José Olmedo Ruiz, del Centro de Salud Mollina, y el internista Armando Fonseca Ríos, de la Clinica Rusadir.

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