Las Guías de Práctica Clínica ayudan a seleccionar la mejor estrategia para tratar las dislipemias

En el manejo de las dislipemias, las Guías de Práctica Clínica tienen como objetivo presentar toda la evidencia relevante sobre un tema particular para ayudar a los médicos a seleccionar la mejor estrategia posible de tratamiento para un paciente en particular, que sufre una determinada enfermedad, teniendo en cuenta no sólo el resultado final, sino también sopesando los riesgos y beneficios de un procedimiento diagnóstico o terapéutico. En el caso de cuestiones relativas al manejo del paciente con dislipemia, las escalas más comúnmente utilizadas son la Guía Americana de la ATP IV (2013 ACCIAHA Guideline on the Treatment of Blood Cholesterol to Reduce Atherosclerotic), la Guía NICE (Nathional Institute for Health and Care Excellence), las recomendaciones PAPPS 2016 (Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud) y las Guías de la ESC/EAS 2016 sobre el manejo de las Dislipemias (ESC, Grupo de Trabajo de la Sociedad Europea de Cardiología/ EAS, Sociedad Europea de Aterosclerosis).

La tarea de elaboración de GPC incluye no sólo la integración de la investigación más reciente, sino también la creación de herramientas educacionales y programas de implementación de las recomendaciones. Asimismo, es necesario realizar encuestas y registros para verificar si la práctica clínica en la vida real se corresponde con las recomendaciones de las guías y de esta forma se completa el ciclo entre la investigación clínica, la elaboración de las guías y su implementación en la práctica clínica.

Integrar necesidades

En líneas generales, las guías sí recogen bien las necesidades de los pacientes que se ven en la clínica diaria. Teniendo en cuenta que su realización tiene como sustrato fundamental al paciente, sus hábitos dietéticos, estilos de vida, actividades físicas, comorbilidades presentes, antecedentes familiares y posibles interacciones con otros medicamentos, es evidente que durante la práctica clínica se manejan de manera habitual dichos factores, por ende las necesidades de estos pacientes se ven claramente reflejadas, abriendo un abanico de alternativas terapéuticas no solo farmacológicas si no también higiénico-dietéticas para ser implementadas.

Porque las GPC asisten a los profesionales de la salud en la toma de decisiones clínicas en su ejercicio diario. No obstante, el juicio último sobre el cuidado de un paciente concreto, debe tomarlo el médico responsable de su cuidado. Además, es responsabilidad del profesional de la salud comprobar la normativa aplicable a fármacos y dispositivos médicos antes de su prescripción.

Buena aceptación

En líneas generales, las guías de práctica clínica, especialmente las europeas, están bien aceptadas por los profesionales. Hace unos años, se utilizaba mucho el Framinghan, pero se vio que tenía ciertas limitaciones en la estratificación del riesgo cardiovascular en pacientes dislipémicos y, además, que solo era aplicables a una determinada región geográfica. Actualmente, existe bastante consenso dentro de las guías la utilización del SCORE. Esta última tiene varias consideraciones que no se tienen en cuenta a la hora de estratificar el riesgo cardiovascular como son la edad, solo comprende de 40 a 65 años; no contempla diferencias étnicas; la estimación se basa en la mortalidad cardiovascular no en los eventos totales y no mortales, y los umbrales precisos del riesgo CV para la toma de decisiones terapéuticas no están bien definidas.

Hay que recordar que el comité para la elaboración de GPC de la ESC supervisa y coordina la preparación de nuevas GPC elaboradas por los Grupos de Trabajo, grupos de expertos o paneles de consenso. Así, el comité es responsable también del proceso de aprobación de las GPC, y tanto ellos como expertos externos revisan exhaustivamente el documento, tras lo cual es aprobado por todos los miembros del Grupo de Trabajo. Por último, el documento final es aprobado por el Comité para su publicación en el European Heart Journal.

Consejo del farmacéutico

Por su parte, el farmacéutico comunitario podría aportar desde su formación y experiencia, el consejo directo a los pacientes en torno a la prevención del riesgo cardiovascular, con recomendaciones higiénico-dietéticas en consenso con el profesional médico y de enfermería. También podría participar en sesiones conjuntas con el personal sanitario apoyando su opinión y consenso o discrepancia entorno a los criterios de estratificación del riesgo cardiovascular.

La prevención y el tratamiento de las dislipemias deben estar incluidos siempre en el marco más amplio de la prevención de las ECV, y en este sentido la labor informativa y educadora del farmacéutico es muy importante por su relación con la población.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Mª Carmen Marin Nieto, Edgar A. Catena Carrog, Jenaro Ortiz Jover y Jose Ant. Ferrandez Navarro, del Centro de Salud Florida, y los médicos de Atención Primaria José Rafael Berna Salas, Janet Kopke Martin y Cayetano Alarcón Gimenez, del Centro de Salud Los Ángeles, ambos en Alicante.

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