Los malos hábitos de vida han hecho que se disparen las cifras de diabetes en España

Entre el 10 y el 15% de la población adulta española tiene diabetes. Se trata de una enfermedad que está influenciada por diversos factores, los hábitos del paciente influyen de manera considerable en su desarrollo. La mala alimentación, el sedentarismo, tabaquismo... han hecho que las condiciones de la población sean peores y esté más predispuesta al desarrollo de enfermedades como la diabetes, hipertensión, dislipemia, obesidad; todos factores de riesgo cardiovascular.

Hasta 50 por ciento de los pacientes con diabetes tipo 2 viven sin un diagnóstico por muchos años, porque no presentan síntomas. Las enfermedades cardiovasculares están entre las principales complicaciones asociadas a la diabetes.

Más de 50% de las personas con diabetes con el tiempo desarrollan una enfermedad de las arterias coronarias, ataque cerebral o una enfermedad cardiovascular.

La diabetes es un factor de riesgo independiente para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, y el riesgo de estas enfermedades y sus complicaciones aumenta de dos a tres veces comparado con el de las personas sin diabetes. Además, los pacientes con diabetes desarrollan enfermedades del corazón a más temprana edad.

Con la duración de la diabetes aumenta el riesgo de muerte por enfermedades cardiacas, independientemente de la presencia de otros factores de riesgo. La complicación de una enfermedad cardiovascular es más grave en pacientes cuya diabetes permanece sin ser diagnosticada por muchos años.

La situación médica de los pacientes con varias enfermedades crónicas se agrava debido a que éstos reciben atención fragmentada de varios médicos junto a complicadas instrucciones de medicamentos, a lo que se agrega que con frecuencia no siguen las indicaciones médicas. Existen evidencias de que el diagnóstico temprano y el manejo agresivo de los factores de riesgo reducen las complicaciones de enfermedades cardiacas en pacientes diabéticos.

Detección del riesgo

Es importante someter a los pacientes con enfermedades cardiovasculares sin un diagnóstico de diabetes a pruebas de detección de la enfermedad y, por otro lado, tratar en forma agresiva los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares en los pacientes con diabetes.

El llamado síndrome metabólico, una combinación de obesidad abdominal, intolerancia a la glucosa, hipertensión, bajo nivel de HDL y triglicéridos elevados, es un elemento en común entre el desarrollo de la diabetes y de las enfermedades del corazón. Es por eso que se deben evaluar los factores de riesgo de enfermedades cardiacas en pacientes con diabetes.

La obesidad se asocia con frecuencia a la resistencia a la insulina, al desarrollo de la diabetes y a las enfermedades cardiovasculares. La pérdida de peso mejora el control de la diabetes y podría disminuir las complicaciones de una enfermedad cardiaca. El control del peso mejora la presión sanguínea, ya que la hipertensión afecta directamente con las enfermedades cardiovasculares.

La actividad física también está relacionada directamente tanto con la diabetes como con las enfermedades cardiacas. En ambos, un aumento en la cantidad de ejercicio ayuda a controlar la enfermedad y reduce el riesgo de complicaciones.

Reducir el peso

Una combinación de pérdida de peso y actividad física puede reducir los niveles elevados de glucosa en los pacientes diabéticos, lo que con frecuencia da lugar a una reducción en la dosis del medicamento o en el número de medicamentos. Eso también mejora el perfil de colesterol, lo que beneficia a los pacientes con o sin enfermedades cardiovasculares, al aumentar el nivel de HDL (colesterol bueno) y reduciendo el nivel de triglicéridos.

La diabetes y las enfermedades cardiacas con frecuencia afectan al mismo paciente y aumentan el riesgo de complicaciones, por lo que aquellos que presentan una de estas enfermedades deben someterse a una prueba de detección para la otra.

Abordaje conjunto

Todos los factores de riesgo deben diagnosticarse y tratarse en forma agresiva para prevenir complicaciones posteriores. La elección de un tratamiento u otro para el paciente diabético depende mucho de las circunstancias. No sólo hay que analizar las cifras de glucemia, también hay que interesarse por sus condiciones de vida para que pueda mantener el tratamiento y la adherencia sea máxima. No se puede aconsejar lo mismo a un paciente joven que debuta con diabetes que a otro mayor de 75 años del que preocupa más que el tratamiento no le provoque hipoglucemias lo que puede llevar a una caída del paciente. O un paciente pluripatológico donde hay que adaptar el tratamiento de la diabetes al resto de medicación que esté tomando facilitando igualmente la adherencia al mismo. Por lo general, para el paciente mayor se emplea un iDPP4.

Recomendaciones

No obstante, siguiendo las recomendaciones de las principales guías clínicas el primer paso es la metformina y sus combinaciones con otros antidiabéticos. Son una buena elección por su potencia, buena tolerancia y perfil de seguridad.

En todo el proceso, lo más importante es la educación del paciente para cambie sus hábitos de vida. Es necesario que el paciente entienda su enfermedad para que aprenda a vivir con ella y así poder tener buena calidad de vida.

La comunicación entre el médico y el farmacéutico es muy importante, ya que se pueden retroalimentar de información que proporciona el paciente en sus visitas a las oficinas de farmacia. El farmacéutico ha pasado de ser un mero dispensador de medicamentos a intentar ofrecer una serie de servicios de valor añadido en su farmacia, que en muchos casos ofrece una labor preventiva siempre valorada en positivo tanto por el médico como por el paciente.

Es importante mantener activo un buen canal de comunicación, ya que el seguimiento de controles analíticos que le puedan realizar en la oficina de farmacia beneficia al paciente y a un mejor control de su patología.

Apoyo profesional

Así, el farmacéutico puede ser un agente importante de salud, que puede servir de apoyo al profesional sanitario en la ayuda de la prevención del riesgo cardiovascular por su proximidad con el paciente, relación, confianza y disponibilidad de tiempo con él.

Puede ayudar como profesional a nivel prevención indicando a los pacientes la importancia que tienen los hábitos de vida saludables y evitar los factores de riesgo, como presión arterial, diabetes, tabaquismo, sobrepeso (especialmente grasa cumulada en la zona abdominal). En la mayoría de las ocasiones los accidentes cardiovasculares no vienen precedidos de sintomatología, por ello, resulta tan importante tener hábitos saludables como el control de presión arterial, niveles de azúcar y colesterol, evitar el tabaquismo, practicar 30 minutos de actividad física al menos tres veces por semana, gestión positiva del estrés y la ansiedad y una alimentación equilibrada (50% verduras y frutas, 25% carbohidratos y 25% de proteínas).

Otra actividad fundamental del farmacéutico en relación con la prevención cardiovascular es la identificación y resolución de los problemas relacionados con la medicación y, por tanto, la mejora de la adherencia al tratamiento. Muchos pacientes refieren efectos secundarios e intolerancias. Esto hace que algunos pacientes abandonen los tratamientos por su cuenta, con la consiguiente desprotección.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas Javier Legrá Rodríguez, Marcelino López Álamo, Juan Ramón Peraita Aguilar y Catalina Cárdenes Cárdenes, de Telde; los especialistas en Medicina Interna Marina Gallo Marín y Daniel Rosado Álvarez, los médicos de Atención Primaria José Manuel García Gersol, César Sánchez Nieto y Luis Latorre Rus, de Córdoba, y José María Narvaez Martín, Mikel Gotzon Casado Goti, Isidro Domingo Godoy García, Miguel Aranda Arias, José Francisco Felipe Oliveros y Alfredo Bartolomé Andrés, de Candelaria.

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