El manejo de la HTA en jóvenes debe mejorarse

El riesgo cardiovascular de la población joven española ha experimentado un incremento; cada vez se diagnostican más jóvenes de hipertensión y de diabetes. Normalmente la hipertensión aparece a partir de los 40 o los 50 años, pero, en la actualidad, la combinación de hábitos de vida no saludables en cuanto a dieta y actividad física está haciendo que cada vez se vean más pacientes en edades tempranas, entre los 25 y los 30 años, que desarrollan hipertensión, sobre todo si el padre o la madre son hipertensos.

Además, hay que tener en cuenta que la elevación de la presión arterial diastólica en jóvenes aumenta la gravedad del daño cardiaco, cerebral y renal. De hecho, se ha visto un aumento de los ictus en personas con factores de riesgo cardiovascular, diabetes, dislipemia y tabaquismo. También hay que tener en cuenta que la presión arterial discordante es un marcador temprano de rigidez arterial en adultos jóvenes. Y es que a partir de los 45 años se incrementa la prevalencia de HTA y por cada 20/10 mm Hg de incremento de PAS/PAD el riesgo sabemos que se duplica.

No hay que olvidar que hay causas secundarias de hipertensión que están asociadas a determinadas patologías, que se pueden presentar en pacientes jóvenes como son las patologías renales, feocromocitoma, hiperaldosteronismo primario, síndrome Cushing, hipertiroidismo, apnea obstructiva del sueño, entre otras.

Infradiagnóstico

Los jóvenes son uno de los principales grupos sin diagnosticar y, por lo tanto, sin realizar los cambios oportunos para hacerle frente, ya que aunque se trata de una enfermedad en la mayoría de los casos asintomática, pero hay que tener en cuenta que se puede prevenir. La importancia de acudir a las revisiones periódicas que se realizan en las empresas o para entrar en clubs deportivos son una opción que puede poner sobre alerta al paciente y conseguir que participe en la búsqueda activa de la enfermedad. Y es que las revisiones de empresa sacan a la luz parte de los enfermos. Aunque los porcentajes varían en función de la población atendida, más o menos en el 60 por ciento de los casos el diagnóstico se hace a partir de otra patología, en el 35 por ciento por reconocimientos de empresa, en el 4 por ciento por un problema cardiaco o cerebrovascular y en el 1 por ciento por síntomas. Los servicios de urgencia también son otra vía de entrada al diagnóstico de la hipertensión en jóvenes.

Inicio del tratamiento

Para comenzar el tratamiento, se tienen que contemplar varios factores, donde el riesgo cardiovascular ocupa los primeros lugares. Así, si se emplean las tablas SCORE y/o REGICOR se empieza con cambio de hábitos de vida más saludables incidiendo siempre en el binomio dieta y ejercicio y en el abandono de tabaco y alcohol si es necesario. En pacientes con riesgo más alto o con patologías añadidas como diabetes, síndrome metabólico, enfermedad renal...  se comienza con tratamiento adecuado para cada caso incluido del antihipertensivo. Los pacientes jóvenes con renina alta responden mejor a un inhibidor del sistema renina angiotensina aldosterona, con lo cual, se puede empezar con un  ARA II. También responden bien a los betabloqueantes. Otras opciones que se barajan son los calcioantagonistas y diuréticos. Existen situaciones donde claramente se debe iniciar el tratamiento, como la presencia de cifras de presión arterial muy elevadas y situaciones donde el tratamiento no está indicado, como en pacientes con cifras <135/85. En los pacientes con cifras de sistólica entre 140/159 y/o de diastólica entre 90/99 la decisión de iniciar tratamiento dependerá de la existencia de otras circunstancias.

Las oficinas de farmacia, por la cercanía  a la población, son un sitio de despistaje imprescindible para captar pacientes de riesgo. La medida de tensión arterial es una forma excelente de despistaje, así como la determinación de una glucemia capilar o de un test sanguíneo de colesterol. Por eso, trabajar conjuntamente con los centros de salud aumentaría la captación y despistaje de población de riesgo. El papel que tiene el farmacéutico en la educación para la salud hace que participe en los cambios en el estilo de vida del hipertenso.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina General Francisco Javier Gómez San Miguel, Rafael Cañadilla Moraleda, Francisco Bujalance Cañete, César Sánchez Castro, César Romero García y Eugenio Torres Salgado, del Centro de Salud O Grove; Bernabé Pérez Ubago, Fernando Gallo Trébol y María Teresa Medrano González, de Logroño; Aquilino Vázquez Fernández, César López Álvarez, Matilde Gutiérrez Novoa, Alberto Labrador González y Julio José Rodríguez Salgueiro, del Centro de Salud de Verín; Valentín Murciego Prieto, María José González Feijoo, Andrés Docampo Paradelo, Manuel Rey Rionegro, Luis Antonio González Rodríguez y Pablo Deramond Mundaca, del Centro de Salud A Rua, en Orense; los médicos de familia Javier Rodeles del Pozo, Jesús Castillo Heras y Sonia González Cano, Cipriano Gascón Cuesta, Serafín Moral Vargas, Isidoro Gómez Cavero, Benito Manuel Delgado Domínguez e Ildefonso Domínguez Camino, de Cuenca; María Montserrat Rueda Cuadrado, del Consultorio La Carriona, Avilés; José Miguel Álvarez Cabo, del Centro de Salud Las Vegas, Avilés; Zouhair Chobak  Hajjar, del Servicio de Medicina Interna Hospital de Jarrio, y José Manuel Argüero Briones, del Centro de Salud Llano Ponte, Avilés.

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