Obesidad, la gran epidemia del siglo XXI

La tasa de obesidad en España se ha duplicado en los últimos veinte años. Esto quiere decir que la mitad de las personas adultas tiene sobrepeso u obesidad. Algunos estudios del año 2006 relacionan la obesidad directamente con casi el 16% de la mortalidad en hombres y casi el 15% en mujeres. Su aumento se ha producido por un cambio en el estilo de vida (más sedentarismo, abandono de la dieta mediterránea, …). Además, también está creciendo su incidencia entre la población infantil, por lo que es necesario implantar desde edades muy tempranas unos hábitos de vida saludables, practicando ejercicio regular y manteniendo una dieta baja en azucares y grasas saturadas y rica en vegetales y frutas.

Para la OMS, la obesidad supone uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI, que está afectando de forma preocupante tanto a los países desarrollados como a los emergentes, con especial incidencia en las zonas urbanas.

Los pacientes con obesidad consumen un 20% más de recursos sanitarios y casi un 70% más en gastos farmacológicos según un estudio fármaco-económico publicado por la revista The Economist. Existe un gran número de personas obesas o con sobrepeso que no se perciben como tal o que no tienen conciencia de que tener sobrepeso represente un factor de riesgo cardiovascular importantísimo. Por ello, es necesario, desde edades muy tempranas, concienciar a los pacientes en la importancia de mantener un peso adecuado y tener un estilo de vida saludable.

Riesgo cardiovascular

El sobrepeso y la obesidad son factores que incrementan el riesgo de que una persona adquiera diabetes tipo 2. Si un paciente que ya tiene diabetes tipo 2 aumenta de peso, será más difícil controlar su nivel de glucemia en sangre. Los pacientes con diabetes tipo 2 tienen una condición denominada resistencia a la insulina. Estos pacientes pueden producir insulina pero su cuerpo no es capaz de transferir la glucosa al interior de las células, como consecuencia la cantidad de glucosa en sangre aumenta entonces el páncreas tiene que producir más insulina para contrarrestar. Está demostrado que solamente con la pérdida de peso y el consumo de comidas saludables y el ejercicio pueden revertir la resistencia a la insulina. El 75% de las personas diabéticas tipo 2 tienen obesidad. Cuanto más obeso sea el paciente mayor resistencia a la insulina va a tener. Además, la complicación más habitual en el paciente obeso con diabetes 2 es la HTA.

Como la obesidad aumenta la resistencia a la insulina, los tratamientos que se prescriben van siendo menos efectivos. Sólo la metformina actúa mejorando este parámetro, por lo que no queda más remedio que aumentar la dosis (si no hay intolerancia), o asociar otros fármacos, como los iDPP-4 o los agonistas GLP1. Como último recurso está la insulinización. Pero incluso aquí, hay que tener que usar dosis más altas por esa falta de respuesta de los tejidos a la insulina que se da en el paciente obeso.

Complicaciones vasculares

Sobre las complicaciones, la obesidad incidirá principalmente en el estado vascular del paciente. Las complicaciones cardiovasculares fundamentales que produce el estado de hiperglucemia son la enfermedad microangiopática (nefropatía diabética, retinopatía y neuropatía diabética) y las ECV (macroangiopatía diabética). Entre éstas se incluyen la enfermedad coronaria y el ictus isquémico, aunque la enfermedad arterial periférica también es un proceso común y que tiende a ser más grave (mayores índices de isquemia grave y amputaciones) cuando su causa es la diabetes que cuando se produce por otros mecanismos. Con este panorama, la asociación de obesidad (normalmente con HTA y dislipemia asociadas) acelerará la aparición complicaciones vasculares (causa última de invalidez y fallecimiento en el paciente diabético).

Si aparte hay afectación de otras esferas patológicas, como insuficiencia respiratoria, mayor frecuencia de síndrome de apnea del sueño, alteraciones osteoarticulares, etc, se puede deducir que la calidad y esperanza de vida del paciente diabético van a empeorar con la asociación de la obesidad.

Tiempo de evolución

En los pacientes con DM2 es importante el tiempo de diagnóstico, ya que a mayor tiempo de evolución de la enfermedad comienzan a presentarse afecciones en otros sistemas del cuerpo. Una de las comorbilidades que acompaña a los pacientes diabéticos y en especial a los que tienen sobrepeso (la gran mayoría) es la hipertensión que según varios estudios estadísticos es la comorbilidad que antes y más se asocia a la diabetes tipo 2. Con el tiempo de evolución, si el paciente no se cuida aparecen comorbilidades muy traumáticas como la retinopatía diabética o incluso la amputación de extremidades por pie diabético.

También hay que tener en cuenta el reflujo gastroesofágico, la colelitiasis, el hígado graso, ovarios poliquísticos, infertilidad, incontinencia urinaria, fibrilación auricular, insuficiencia cardiaca, algunos tipos de demencia son más frecuentes en diabéticos.

Reforzar hábitos de vida saludables

El farmacéutico, como agente sanitario que es, tiene que tener unos conocimientos solidos sobre la patología, con el fin de asesorar al paciente. La oficina de farmacia tiene un papel importante a la hora de realizar el seguimiento del paciente en cuanto puede comprobar de primera mano si el paciente tomo correctamente su medicación. Ayuda en la cumplimentación del tratamiento instaurado por el médico. Los farmacéuticos deberían intentar preguntar regularmente al usuario si se toma su medicación y valorar si se administra como lo ha indicado el médico. Se deben insistir continuamente en la necesidad de no abandonar los tratamientos.

También es clave en reforzar hábitos de vida saludable, que se incremente la actividad física. Se recomienda hacer ejercicio de intensidad moderada (como caminar, bailar, andar en bici...) durante 150 minutos a la semana (pueden ser 30 minutos al día, 5 días de la semana), intentar seguir una alimentación saludable: preferencia de frutas y verduras, evitando productos ricos en azúcar y grasas saturadas, incidiendo sobre todo en bebidas azucaradas, alimentos procesados y alcohol; beber abundantes líquidos, evitar el estrés y dormir bien, mantener el peso adecuado y ayudar a fijar metas razonables y a aumentar el tiempo de actividad de manera progresiva.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Emiliano de la Fuente Ila, Carlos García Culebras, Tomas Soler López, Juan Solera Albero, Ana María Cuenca Abellán, María del Carmen Campayo Ortega, Juan Luis López Carrasco, Martino Sánchez Ruiz, Ricardo Córdoba Talavera y Francisco José Fernández-Rosillo Padilla, de Albacete; Jenaro Ortiz Jover, Antonio Jesús Llerena Herance, Joaquín Vicente Ferrandiz Miquel y José Juan Vidal Piqueras, del Centro de Salud Sax, Alicante; Manuel García Sala, Rafael Llin Sanz, Rosana Satorre Tomás y Ruperto Manzanares García, del Centro de Salud La Bassa, Alcoy, y Manuel Cano Arjona, Mª Carmen Olivares Bautista, Vicente Sabater Amat, Joan Giménez Giner, Rafael Mudarra García y Julio Javier Olaya Monteagudo, del Centro de Salud Acacias, en Elda.

x