martes 19/1/21

El paciente experto ayuda en el control de la diabetes 2

Debido al envejecimiento de la sociedad, el aumento de personas de edad avanzada dentro de la población total ha ido creciendo, gracias al progreso en los cuidados médicos, donde se evitan muertes prematuras y se alarga la esperanza de vida. En este contexto, se ha producido un incremento en las enfermedades crónicas, como es la diabetes. A esto hay que añadir el cambio de hábitos alimentarios y el sedentarismo.

Por estos motivos, es muy importante en el manejo de la enfermedad crónica potenciar la participación del paciente en la toma de decisiones y promover una relación médico-paciente menos paternalista.

El paciente experto es aquel que se sabe el principal responsable de su salud, decide cuidarse y tiene las habilidades, la motivación y la confianza para hacerlo, siempre en colaboración con el profesional sanitario. Se trata de una persona que tiene capacidad para formarse y adquirir los conocimientos necesarios para poder responsabilizarse del autocuidado de su enfermedad. Además, puede ayudar a otros diabéticos que son más pasivos a conocer su enfermedad y las acciones o cambios que pueden realizar para mejorar la evolución de su enfermedad. Los pacientes expertos también deben conocer el impacto físico, social y emocional de su enfermedad.

Autocontrol

El paciente experto en diabetes es conocedor de que padece su enfermedad y decide profundizar en su conocimiento, cogiendo las riendas en el control de su evolución. Este hecho es muy importante para una enfermedad como es la diabetes, que necesita una máxima implicación por parte del paciente y la familia. Los familiares de los diabéticos también están incluidos en la categoría de pacientes expertos. Los familiares-cuidadores ejercen un papel crucial en proporcionar los cuidados y el seguimiento necesario de los diabéticos a su cargo; así, su formación ayuda a mejorar los resultados en el control de la enfermedad.

La figura del paciente experto será, sin duda, en los próximos años de gran ayuda, ya que debido a los grandes avances y a los nuevos tratamientos y tecnologías en el alivio o manejo de la enfermedad, se necesitan pacientes debidamente formados para llevarlos a cabo de la forma correcta.

El paciente experto puede ayudar a formar las complicidades necesarias para conseguir llegar a aquellos pacientes que no se dejan aconsejar por el personal sanitario. Está informado, capacitado y comprometido con tratar su enfermedad. Dentro del engranaje del sistema de salud, puede aportar un valor formativo que va más allá del que proporciona los profesionales sanitarios, ofrece cercanía y empatiza más con otros pacientes en su misma situación.

Además, ofrece al resto de compañeros de enfermedad argumentos sólidos de cómo funciona la patología, eficacia del tratamiento, complicaciones que pueden ocurrir, posibles efectos secundarios.

Recomendaciones estilo de vida

El paciente experto ayuda a otros pacientes explicando su forma de enfrentarse a los diferentes escenarios que se dan en la enfermedad a medida que pasan los años, convirtiéndose en modelo para el resto de diabéticos. Supervisa su alimentación y horario de comidas, su autocontrol con la determinación de glucemia capilar y la respuesta que adopta frente a ella. Todo esto fomenta la configuración del grupo y ayuda a que mejoren las cifras de control de la enfermedad.

Otra faceta del paciente experto es la de cumplir la función de aumentar la confianza de los pacientes diabéticos, a mejorar su calidad de vida y ayudar a manejar su condición de forma más eficaz.

Formación adecuada

Para poder hacer su función, el paciente experto debe estar muy bien informado sobre su enfermedad, conocer cómo gestionarla y tomar decisiones concretas en situaciones puntuales. Existen cursos que ofrecen una formación encaminada a la evaluación y tratamiento diferentes formas de diabetes, abordando el proceso completo de las mismas: prevención, evolución, abordaje de complicaciones y situaciones especiales. También deben estar formados en los cambios necesarios en la alimentación, la actividad física y las rutinas horarias, así como responder ante procesos que exacerban la hipoglucemia o que obligan a modificar el tratamiento farmacológico.

Para convertirse en paciente experto es muy importante el autocuidado; es decir, la capacidad del individuo de manejarse en el día a día con las consecuencias físicas, psíquicas, de cambios sociales y en su estilo de vida para poder vivir con su enfermedad crónica y adherirse a un tratamiento médico.

Relación médico-paciente

Así, la relación médico-paciente es importante para que el diabético tenga esa confianza que influye de forma decisiva la manera en que los pacientes asumen el control de su enfermedad. Es importante informar al paciente de cómo pueden evolucionar los procesos metabólicos de la diabetes, el riesgo cardiovascular y la detección temprana de las complicaciones en órganos diana y el mal control metabólico de la diabetes.

Es bueno que tengan las claves para que sepan detectar y distinguir los signos de alarma como las hipoglucemias o las hiperglucemias y, de esta forma, sepan controlar estas complicaciones y tratar la que se puedan aparecer con el paso del tiempo, como por ejemplo la retinopatía o el pie diabético.

Educación en la farmacia

En este contexto, la farmacia tiene que ser parte importante del equipo multidisciplinar de educación del paciente diabético. Su intervención es fundamental para mejorar la situación clínica, su adherencia terapéutica y mejora constante en la calidad de vida, educando al paciente en el uso del tratamiento indicado y minimizando las dudas sobre su correcta administración y posibles efectos secundarios que pudieran aparecer.

La farmacia está siempre cercana al día a día del paciente diabético experto, desde allí se puede contribuir al asesoramiento más intenso cuando es diagnosticada la enfermedad en sus primeros momentos, luego puede seguir proporcionando material, cursos,… que ayuden a la formación del paciente experto.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Carmen Corona Barrio, Juan Ramón Siles Rubio, Luis Rosa Gil y Francisco Torres Calvo, de la Costa del Sol, y Redouam Gaougaou Abtel, del Centro de Salud Recinto Sur; Abselam Mohamed Buskri, del Hospital de Ceuta; Ricardo Ortega Fernández, del Centro de Salud Otero, y Ana Amate Garrido, del Centro de Salud Tarajal.