El sedentarismo hay que tratarlo al igual que una enfermedad

El sedentarismo es una causa frecuente de obesidad y sobrepeso, y es responsable de enfermedades como la diabetes, la HTA, el deterioro de las articulaciones y otros problemas de salud. En la mayoría de los casos el primer paso en el tratamiento de estas patologías está en cambiar los hábitos de vida del paciente, con el fin de aunar estos cambios con el tratamiento. Por eso, considerar el sedentarismo como enfermedad haría que el valor de prescribir ejercicio y programas de rehabilitación asociados a los cambios en hábitos conductuales y el posible uso de terapias cognitivas llevará a un mejor control de las otras enfermedades, como diabetes e HTA.

Así, se define el sedentarismo como la realización insuficiente de actividad física para tener un buen estado de salud. Existen factores que influyen de manera negativa a la hora de poder controlar el sedentarismo, donde la activación de los servicios telemáticos de recetas en los sistemas de salud hace que la gente acuda menos a la consulta. En este contexto, no existe ningún biomarcador que pueda identificar a las personas sedentarias frente a las activas. Por eso, las técnicas más aplicables, por su rapidez y coste, dentro de las consultas de atención primaria son los cuestionarios de actividad física validados, entre los que destaca el cuestionario internacional de actividad física (IPAQ), que consta de siete preguntas e incluye actividades laborales, físico-deportivas, de transporte (caminar) y el tiempo que la persona permanece sentada o recostada. De esta forma, se establecen categorías dependiendo de estos parámetros. Se diferencia entre intensa, moderada, caminar o sentado con su gasto asociado, considerando sedentarismo si se pasa sentado más de 6 horas en el horario de actividad.

Cambios saludables

Una vez que se ha detectado el sedentarismo hay que promover cambios hacia hábitos de vida saludables, donde hay que hacer hincapié en la realización de ejercicio físico regular y adecuado a cada paciente. Esto implica motivar al paciente y que sea receptivo. También hay que insistir en los controles analíticos más frecuentes así como control de peso y tensión arterial con mayor regularidad.

Entre los principales factores de riesgo a los que se enfrenta  este  tipo de pacientes debido a su inactividad están la obesidad, hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia y el estrés psicológico.

Así, para valorar los riesgos del sedentarismo se deben de tener en cuenta como principales parámetros la edad y el diferente gasto energético frente a la misma actividad. En las consultas destacan dos grupos principales: las personas entre 15 y 60 años y la tercera edad. En el primer grupo debido a que su actividad es elevada y conlleva un elevado gasto energético, el sedentarismo se valora menos, salvo casos claros de sobrepeso, mala imagen social…  mientras que en la tercera edad donde se hace más palpable por la disminución de movilidad. Así, hay que tener en cuenta la predisposición familiar, la inactividad, la obesidad, la hiperinsulinemia, la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares, la cardiopatía Isquémica, los problemas articulares, óseos y de movilidad, los problemas respiratorios, EPOC y los problemas psicológicos, como el estrés y la depresión.

Problema de salud

Los pacientes son poco conscientes de este problema y cuando quieren darse cuenta les está ocasionando un incremento de sus dolencias y un mayor riesgo de sufrir un accidentes cardiovasculares. La mayoría de las veces empiezan a reconocerlo cuando han sufrido alguna advertencia. Es cuando ya deben realizar cambios en sus hábitos actuales, una alimentación con menos hidratos y grasas, el abandono del tabaco, el alcohol y aumentar la actividad física.

El aumento de la actividad física no debe de ser solo realizar más deporte, sino también, llevar a cabo actividades cotidianas, como utilizar las escaleras en lugar del ascensor, no coger el vehículo para desplazamientos cortos, bajarse del autobús unas calles antes de la parada, levantarse y caminar durante los anuncios televisivos, sacar al perro a caminar, tomar el camino más largo cuando se desplace caminando y realizar caminatas en grupo.

Por eso, la actividad física debe de ser un objetivo en las consultas diarias, realizando una combinación de causa/efecto, creando motivaciones y dinamismo hacia el paciente. En esta implantación del ejercicio físico en las consultas se pueden  seguir los pasos avalados por la SemFYC. El primero consiste en realizar una serie de preguntas sencillas y concretas sobre sus hábitos de actividades físicas (más concreto y relacionado con su entorno) o aplicar alguno de los cuestionarios ya instaurados, como el Cuestionario Internacional de Actividad Física con el fin de realiza una buena valoración clínica. A continuación hay que valorar dichas respuestas y si realiza o no el tipo de actividad que desarrolla, la duración, frecuencia e intensidad. El tercer paso se centra en iniciar un programa sin presiones, con idea de conseguir el inicio y la implicación, el aumento o no de actividades que ya desarrolla el paciente, en función de las características de la actividad o deporte que practica y el último sería imponer una periodicidad de control cada tres o seis meses. Es importante involucrar a la familia, a las personas y/o agentes sociales que acompañan al paciente sedentario.

Ayuda del farmacéutico

En estas pautas se puede contar con la ayuda del farmacéutico. Es en las farmacias donde los pacientes van por los menos una vez al mes a retirar su tratamiento y suelen ser más próximas al paciente. El farmacéutico puede aconsejar o promover la instauración de unos programas de seguimiento de actividades sociales y valorar la salud de sus clientes, realizando los controles de HTA y diabetes, con nutricionista en la farmacia para informar y controlar la evolución del peso, con fisioterapeutas que valoren su desarrollo y con médicos que puedan ayudar informando al farmacéutico de la evolución de sus enfermedades tras la puesta en práctica de esos programas.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Atención Primaria Ana Mª  Ortega Jiménez, del Centro de Salud  Olula del Río; Francisco José Romero Sánchez, del Consultorio Cantoria; Josefa Benito Pozo, del Consultorio Urracal; José Guerrero Sánchez, del Centro de Salud San Isidro; Emilio Melero Rodríguez, del Centro de Salud  Aguadulce Sur; José Langa Valdivieso, del Centro de Salud La Cañada; Juan Barón Carrillo, del Centro de Salud Las Marinas; Mª del Mar Gómez Ruiz, del Centro de Salud Campohermoso; Fernando Rey Giral, del Consultorio El Viso; Gloria Fernández del Olmo, del Centro de Salud Plaza de Toros; Franciso Javier Rubio López, del Centro de Salud Almería Centro; Lorenzo Fleitas Cochoy, del Centro de Salud Cruz de Caravaca; Juan Manuel Sánchez, del Centro de Salud Ciudad Jardín, y Antonio Moreno Garrido, del Centro de Salud Oliveros, todos de Almería; Francisco Javier Cuevas Fernández, Adrián Martín Torés, Lesmes Obama Avine, Manuel Rodríguez González y Blas Monterrey Baez, del Centro de Salud Barranco Grande, y Pedro José de la Paz Gutiérrez, Miguel Ángel Hernández Hernández, José Francisco Felipe Olivero y Miguel Sixto Alarcón Gómez, del Centro de Salud Candelaria.

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