Cada vez hay más diabéticos 2 menores de 50 años

24 de septiembre de 2018

Fundamentalmente, se debe al mantenimiento de una dieta hipercalórica rica en grasas saturadas e hidratos de carbono,

Médico y paciente.

En los últimos años, se está observando un incremento de la incidencia de la diabetes  2 en pacientes menores de 50 años, fundamentalmente por el mantenimiento de una dieta hipercalórica rica en grasas saturadas e hidratos de carbono, que produce como consecuencia un aumento de peso con obesidad o sobrepeso en un alto porcentaje de la población de ese tramo de edad.

El estilo de vida sedentario con casi total ausencia de ejercicio físico entre los hábitos diarios es también una importante causa de la aparición de esta enfermedad, quizás como consecuencia secundaria del sobrepeso que produce.

Por supuesto, también se debe a una mala dieta y unos malos hábitos de vida que mantienen los niños desde pequeños y está produciendo futuras generaciones de nuevos diabéticos tipo 2.

Así, entre un 5 y un 10 por ciento de los pacientes con diabetes tipo 2 suelen debutar antes de cumplir 50 años. Normalmente, se trata de pacientes asintomáticos que a través de una revisión de empresa o en una analítica rutinaria se les detectan valores de glucemia anormalmente elevados. El paciente típico es varón con sobrepeso, hábitos de vida poco saludables y patologías concomitantes como hipertensión, dislipemia y síndrome metabólico.

Rechazo de su enfermedad

Por lo general, el paciente tiene una fase inicial de rechazo y cree que puede solucionar el problema simplemente con un cambio en sus hábitos de vida. A este respecto, no suele ser constante en esas intenciones. Tras un tiempo más o menos corto de comprobación de que su enfermedad no desaparece de manera espontánea, entra en una fase de adaptación y acepta seguir tratamiento oral para su enfermedad. Su mayor preocupación en tener que “pincharse” la insulina, porque tiene la creencia que es perjudicial. También les preocupa mucho tener que depender toda su vida de tomar un tratamiento, aunque esto último lo aceptan con mayor facilidad cuando comprueban los beneficios a corto plazo de su tratamiento.

Al ser una patología asintomática, el paciente diabético no suele ser buen cumplidor ya que no es consciente de estar enfermo. A esto hay que añadir que son personas en edad laboral, que disponen de poco tiempo para realizar ejercicio físico y para llevar una dieta sana, puesto que frecuentemente comen fuera de casa. Por estas razones, el grado de cumplimiento no es el adecuado.

Recomendaciones

De hecho, son muy pocos los pacientes que hacen caso a las recomendaciones higiénico-dietéticas y cuando lo hacen suele ser demasiado tarde, pues ya presentan complicaciones cardiovasculares por lo que de nuevo resulta determinante la labor del personal sanitario en concienciar al paciente para que adopte hábitos de vida saludables, modificando su dieta y animándole a realizar ejercicio. Cuando la modificación del estilo de vida no es suficiente hay que recurrir al tratamiento farmacológico. El fármaco de elección es la metformina a la que se podrán añadir otros antidiabéticos orales (sulfoniloureas, iDPP4 e iSLGT2) en el caso de que no se alcancen objetivos. Si aún así no se consigue el control necesario o las glucemias postprandiales fueran elevadas habría que recurrir a la insulina.

Por eso, es fundamental mentalizar al paciente para que cambie su estilo de vida con modificaciones en sus hábitos dietéticos y adopte la costumbre de realizar ejercicio físico de manera habitual abandonando la vida sedentaria.

Educación diabetológica

La educación del paciente diabético es fundamental y debe implicar a todo el personal sanitario. El farmacéutico debe concienciar a su paciente de la necesidad de modificar su estilo de vida, así como de realizar un correcto seguimiento de el tratamiento prescrito por el médico. De hecho, el farmacéutico se configura como el último escalón entre el paciente y su tratamiento, resulta determinante en la concienciación del paciente sobre su patología y en el control del cumplimiento del tratamiento.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Joaquín Collado Peiro, Enrique Miquel Bononad, Blanca Rovira Peña, de Xirivella; Ester García Martínez, Enrique Grajales Pardo y Vicente Gasull Molinera, de Mislata, y Manuel Gallud Gilabert, José Miguel Mateo Guillén, Isabel Escamez Fernández, Salvador Ruiz Batista, Daniel Suarez Hernández y Claudia Enith Rojas Ortuste.