La detección precoz de la hipercolesterolemia infantil permite controlar mejor los factores de riesgo

6 de julio de 2021

La obesidad y la falta de ejercicio han aumentado la hipercolesterolemia infantil. Detectarla de forma precoz es clave para poder controlar los riesgos cardiovasculares en esta población.

La detección precoz de la hipercolesterolemia infantil permite controlar mejor los factores de riesgo

La prevalencia de hipercolesterolemia en niños ha ido aumentando, debido, principalmente, a las modificaciones en los hábitos alimenticios y el aumento del sedentarismo ocupacional y recreativo.

Los pediatras son los profesionales de la salud con mayor impacto en la morbimortalidad cardiovascular, ya que la infancia es la mejor época para intervenir y evitar la hiperlipidemia, recomendando modos de vida saludables para que se mantengan a largo plazo.

Los niveles de colesterol total, junto con las lipoproteínas de baja densidad, tienden a mantenerse en el mismo percentil a lo largo del tiempo en el mismo individuo. Por eso, es importante detectar precozmente en niños la hipercolesterolemia, dado que si se modifican los factores de riesgo en las fases iniciales se puede experimentar regresión de la placa de ateroma, o al menos, detener el proceso.

Cuando los niveles de colesterol superan 170 mg/dl hay que empezar a tomar medidas para controlar el riesgo cardiovascular que supone el colesterol elevado.

El tratamiento inicial debe comenzar o estar acompañado con cambios en el estilo de vida, con una alimentación balanceada y una disminución de las grasas totales. A esto hay que añadir la actividad física.

Evidencia disponible

Diferentes estudios demuestran que el ejercicio físico por sí solo puede modificar favorablemente el perfil lipídico. Los paneles de expertos de la American Heart Association (AHA) y del National Cholesterol Education Program (NCEP) recomiendan para la población infantil mayor de 2 años con dislipidemia dietas normocalóricas que permitan un crecimiento y desarrollo óptimo, con reducción progresiva de la ingesta de colesterol y grasas saturadas. Se recomienda la supervisión de un experto en nutrición, ya que se debe tener el cuidado de no calcular menos del 20-25% de la grasa total diaria, para evitar el riesgo de disminuir el HDL-C, producir deficiencias nutricionales o comprometer la producción hormonal, debido a que la mayoría de las hormonas son sintetizadas a partir del colesterol.

Es necesario implementar desde la niñez estilos de vida saludables, con el objeto de reducir los factores de riesgo, e indicar un tratamiento farmacológico cuando sea necesario, a fin de evitar eventos agudos coronarios en la vida adulta.

Evaluar el riesgo

Se debe evaluar el riesgo del niño de forma individual. El nivel de LDL, la magnitud y el número de eventos cardiovasculares en los antecedentes familiares influyen en la decisión de iniciar un tratamiento farmacológico.

Existen varias alternativas farmacológicas que deben ser seleccionadas de acuerdo al tipo de dislipidemia, edad del paciente y los posibles efectos secundarios.

Los secuestrantes de ácidos biliares están aprobados en niños mayores de 5 años. Son seguros y no se absorben. Existen dos tipos, la colestiramina, que se inicia en dosis de 5 gr/día hasta 15-20 gr/día y fijan los ácidos biliares en la luz intestinal, impidiendo su absorción, y los gránulos de colestipol, cuya dosis es de 10 gr/día.

Tienen la desventaja de que producen una reducción limitada del colesterol total de apenas un 10% y del LDL de 10 a 15%. Presentan algunos efectos gastrointestinales y tienen un sabor no agradable, por lo que los niños no se adhieren al tratamiento por largo tiempo.

Pautas a considerar

La ezetimiba es otra alternativa. Es un inhibidor de la absorción intestinal y la FDA aprueba su uso en niños mayores de 10 años. Tiene pocos efectos colaterales gastrointestinales y son leves. Disminuye el LDL en un 15 a 20%, pero tiene la ventaja de que se puede combinar con otros fármacos. No hay estudios pediátricos a largo plazo, y los pocos disponibles son a corto plazo. Su uso en Pediatría cada vez es mayor en vista de su seguridad por su poca absorción.

La niacina en un principio fue el segundo tratamiento de elección recomendado por la NCEP para HF y dislipidemias mixtas. Sin embargo, actualmente han quedado sólo para uso en adultos con HDL bajo sin otra dislipidemia asociada. En niños y adolescentes tiene poco uso, ya que no es bien tolerada debido a sus efectos gastrointestinales, palpitaciones, rubor facial y mareos.

Estatinas

Las estatinas se han convertido en la actualidad en el fármaco de primera elección para el tratamiento de las HF. La FDA aprueba su uso en niños mayores de 10 años y grupos de expertos la recomiendan a partir de los 8 años en aquellos que alcancen criterios de tratamiento farmacológico. Hoy existen cada vez más estudios, incluso en niños de más corta edad, con resultados efectivos a corto plazo.

El papel del farmacéutico en el abordaje de la dislipemia en niños debe centrarse en la primera fase de prevención y detección precoz. Es fundamental que desde la oficina de farmacia los padres reciban información sobre esta patología, las consecuencias a largo plazo que puede tener y como resulta fundamental atacarla desde el inicio para evitar la progresión y que se convierta en un factor de riesgo cardiovascular en el futuro para su hijo.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores Manuel Antonio Sánchez Díaz, Ricardo Moya Medina, Oscar Nuño García, Catalina Cárdenes Cárdenes y Juan Ramón Peraita Aguilar.